Nunca sabemos cuanto tiempo nos quedará para que todo esto acabe. Nunca sabremos el momento exacto en el que se diga: Aquí ha terminado. ¿Cuanto exactamente? Mucha gente se hará esta pregunta a diario, ya seas alguien normal, raro, la persona más perfecta, e incluso más se la preguntarán los locos o depresivos.
Toda una vida puede irse en un solo parpadeo. Un parpadeo en el cual no ves toda tu vida, no la que has vivido, sino la que podrías llegar a vivir. ¿Qué vida es la que uno quiere de verdad? ¿Cual es la verdad de esa vida? Hay momentos en que nuestra vida, nos puede parecer como la de cualquiera, especial, o despreciable. Pero es mejor tener cualquiera una de esas vidas, a no tener ninguna. Ninguna vida.
Yo, a excepción de eso, quiero tener una. Quiero tener una vida donde pueda llegar a recordar ya no los demás, sino yo esté donde esté. Y sé que llegará a ser así, sé que podrá hacer realidad si tomas el control y decides donde partir, pero no donde acabar.
Creo, que ese es el significado de la vida; saber donde partes, de donde vienes, que es lo que has hecho pero que no sabrás que harás más adelante, no sabrás donde llegaras a acabar. La vida, algo que nunca sabrás como acabará pero que por ello, por solo el deseo de saber como, de volar, de explorarlo todo, de comportarte como un esquizofrenico y hacer lo que uno desea en esa vida. Esa vida en la que no sabes como acabará, ni cuando, ni donde. Pero la recordarás por el resto de tus días inmemorables.